Una ardilla en la ribera del río encuentra un hábitat dinámico y lleno de recursos esenciales para su supervivencia. Aunque son animales predominantemente arborícolas que pasan la mayor parte de su tiempo en las copas de los árboles, los bosques de ribera actúan como corredores biológicos naturales que les permiten desplazarse, expandir su territorio y acceder de forma segura a fuentes de agua fresca



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